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15.9.06

El valor de una vida no prescribe

Laura Fuentes Belgrave
Periodista y escritora

Este 14 de septiembre nadie cantará el himno nacional en mi casa. ¿Cómo hacerlo, cuando Viviana Quesada Campos, responsable del homicidio de mi tío, José Joaquín Belgrave Soto, hubiera cumplido su pena de 6 años de prisión por este delito cometido en el año 2000 en Heredia?

¿Cómo podríamos celebrar a la patria si nuestro Estado de Derecho declaró prescrito el crimen de profanación del cadáver de mi tío, y en consecuencia la absolutoria para la presunta responsable, a través de su apelación acogida en el 2006?

Quesada Campos retomó su camino después de una significativa reducción de pena que le permitió ser liberada incluso antes del 14 de septiembre. Las autoridades consideran que estos años de prisión (de 9 meses) conforman un tiempo suficiente para el castigo de alguien que no sólo asesinó, sino que también supuestamente quemó y seccionó a una persona, aunque no se le pueda juzgar por estas últimas acciones, prescritas debido a la lentitud impertérrita de los tribunales.

Más allá del enorme dolor que persiste en el seno familiar, preocupa saber que este caso no es único en su especie. Diariamente costarricenses y extranjeros son asesinados en nuestro país, sin que medie un sistema de justicia que resuelva estos crímenes de forma integral, acorde con los principios que dieron origen a nuestro proyecto de nación, convertido ahora en una república que se desmorona como los huesos de aquellos que amamos.
Por cada persona asesinada se multiplican las víctimas, no es un número de expediente a quien perdemos, nuestra pérdida es del valor de la vida cuando indiferentes pensamos que sólo es otro crimen más.

En Guatemala se dice: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”. Es doloroso reconocer que ese sea el norte de una vida, pero es la memoria la que nos mantiene vivos, y en Costa Rica pareciera que ésta nos falla con demasiada facilidad para afrontar el mismo sistema que hemos creado.

Si en nuestro país ni siquiera a los asesinados podemos hacerles justicia, ¿cómo esperamos que el sedimento de este suelo procure estabilidad para sus futuros ciudadanos, si está manchado ingratamente con la sangre de sus hijos?

La prescripción de los delitos en Costa Rica no es nueva. El Estado tarda tanto tiempo en juzgarlos que los homicidas son castigados por una cuarta parte de sus acciones, no obstante, la justicia pregona que somos responsables de nuestros actos y en virtud de nuestra intención y del daño causado a terceros seremos debidamente juzgados.
Nadie podrá devolvernos la sonrisa franca, la conversación inteligente y el cariño de José Joaquín Belgrave Soto. Sin embargo, porque su sangre nutre la nuestra, no podemos olvidar lo sucedido, ya que nuestra memoria no prescribe. En un país eternamente nublado no se espera que la bruma se disipe, se actúa, por eso guardaremos silencio este 14 de septiembre.

En mi familia no cantaremos ningún himno al lado de un asesino ¿y en la suya?

2 Lenguas inquietas:

Vi a dit…

En Argentina se dice: Ni perdón, ni olvido.

Tomás Goic a dit…

Ojala algún día se haga justicia, aunque ya sabemos que las leyes de este país y de muchos otros no sirven para nada.
Te mando un gran abrazo.